domingo, 30 de junio de 2013

Mercurio en el pescado; Información tranquilizadora

Con el fin de vender más ejemplares, muchos periodistas, sin
duda faltos de imaginación, tratan de asustar a sus lectores
con rumores fundados sólo a medias. Porque el miedo vende.

El problema está en que, a fuerza de prohibirnos tomar carne
roja, embutidos, pescado, leche, grasas saturadas, azúcar,
conservas (por el bisfenol A), galletas, pasteles, refrescos,
café y cereales refinados, además de las frutas y
verduras que hayan sido tratadas con productos químicos,
llega un momento en el que nos preguntamos qué es lo que
sí podemos comer. 

Por eso hoy voy a tratar un tema sobre el que los medios de
comunicación suelen desinformar con especial intensidad: el
mercurio en el pescado.


Información poco conocida sobre el mercurio que hay en el
mar
Cuando se trata de contaminación medioambiental, no dejamos
de echarnos la culpa a nosotros mismos (casi siempre con
razón). Pero, ¿sabe quiénes son los verdaderos
responsables de los niveles catastróficos (o casi) de
mercurio en el Mediterráneo?

Los principales culpables son tres. Sus nombres: Etna, Vesubio y
Estrómboli.

Pues sí: desde hace miles de años estos tres volcanes
vierten, sin vergüenza alguna, toneladas de sustancias
tóxicas en las aguas del Mediterráneo. Ellos son los
responsables, prácticamente en su totalidad, de la presencia
de mercurio en este mar que tanto está sufriendo.

Esto no significa que no sea preocupante, sino que va a ser muy
complicado solucionarlo. 


Mercurio: consumir con moderación
¿Por qué debemos preocuparnos por la presencia de
mercurio en el mar?

El mercurio es un metal de color plateado cuya particularidad,
única en el caso de los metales, es la de ser líquido
(a temperatura ambiente).

También es un veneno de insólita violencia que
destruye las células nerviosas. Resulta especialmente
peligroso para el feto ya que, cuando el cerebro y sus neuronas se
están formando, corre el riesgo de sufrir alguna
minusvalía, incluso con una mínima dosis inofensiva
para la madre. 

Antiguamente se untaba con mercurio la piel de los enfermos de
sífilis, una enfermedad venérea. Pero este
tratamiento, que solía saldarse con la muerte del paciente,
provocaba unos dolores tan terribles que el escritor austriaco
Stefan Zweig (1881-1942) cuenta en sus memorias de juventud que los
estudiantes vieneses contagiados de sífilis a menudo
preferían pegarse un tiro en la cabeza antes que soportar un
martirio semejante. (1)

Y es que así es. Si derramamos un poco de mercurio en un lago
veremos cómo rápidamente todos los peces salen a la
superficie panza arriba. Si usted se entera de que ha bebido agua de
un vaso en el que se ha derramado un solo gramo de mercurio, vaya
preparando el testamento. 


El mercurio se concentra en la cadena alimentaria
Las pequeñas concentraciones de mercurio que se encuentran de
manera natural en el agua de mar no suponen ningún problema
en sí mismas y, en cualquier caso, tampoco podemos hacer nada
al respecto, puesto que se trata de un fenómeno natural
ligado a la actividad volcánica, como ya hemos visto. 

Pero lo cierto es que el pececillo que todos los días absorbe
una pequeña cantidad de mercurio al alimentarse de algas y de
plancton acaba por concentrar mercurio en su grasa.

Los peces grandes, que a lo largo de su vida consumen miles de
pececillos, pasan por lo mismo. El mercurio se va concentrando poco
a poco en cada eslabón de la cadena alimentaria y algunos
peces que se encuentran en lo más alto de esta cadena acaban
por tener un nivel de mercurio problemático: es el caso del
atún, el pez espada, la lubina o el tiburón.

El mercurio, más pesado que el agua, tiende a concentrarse en
el fondo del océano.

Por consiguiente, los grandes peces predadores que viven en el fondo
del mar son los mayores damnificados, como la raya, la platija y
otros peces de crecimiento lento.


Nuestro cuerpo elimina el mercurio de manera natural
Si analizamos nuestras uñas, cabello y orina descubriremos
que contienen pequeñas cantidades de mercurio. 

En realidad, a través de ellos se evacua el mercurio que
penetra en el cuerpo llevando un estilo de vida normal.

Por otra parte, los empastes dentales que contienen mercurio, o el
contacto directo con vapor de mercurio industrial, o hasta la
contaminación de los cursos fluviales con mercurio por el
bateo en busca de pepitas de oro (una práctica creciente en
nuestro país, sobre todo como actividad recreativa, de ocio y
turística) originan una contaminación que nuestro
cuerpo no conseguirá evacuar sin ayuda especial, en caso de
tener que enfrentarnos a esta situación.

Por tanto, el consumo de pescado no es lo único que puede
hacernos correr riesgos.

De todas formas, para exponerse a sufrir una intoxicación de
mercurio provocada por el pescado usted debería tomar mucho
más pescado de lo normal, y además limitarse
sólo a los grandes peces predadores (pez espada,
tiburón, atún rojo…). 

Por el contrario, si el consumo de pescado es razonable (tres o
cuatro veces a la semana) y alterna los grandes peces anteriores con
el pescado azul de pequeño tamaño pobre en mercurio,
como sardinas, caballa, anchoas, arenque, salmón y trucha
arcoiris, obtendrá grandes beneficios para su salud sin
correr ningún riesgo. 

La verdad es que el riesgo de muerte es un 50% mayor en el caso de
las personas que no comen pescado en comparación con las que
consumen una o dos raciones de pescado azul a la semana. Los
beneficios, por tanto, son mayores que los riesgos. 

Por lo tanto, dejar de comer pescado por miedo al mercurio es una
ridiculez. Salvo en caso de embarazo. Y es que una mujer embarazada
de 60 kilos que ingiriera una ración (100 g) de pez espada a
la semana superaría la ingesta máxima tolerable de
metil-mercurio, algo que debe evitar dado que esta forma
orgánica del mercurio posee una elevada toxicidad, se
disuelve fácilmente en la grasa y atraviesa la placenta y la
barrera hematoencefálica, pudiendo provocar alteraciones en
el desarrollo neuronal del feto. (2)

Pero si no es su caso, tenga en cuenta que, como mucho, si a fuerza
de atiborrarse a pescado se llega a intoxicar con mercurio (los
científicos no conocen a día de hoy dónde
está el tope), no estaríamos hablando de una
enfermedad seria e incurable, sino más bien de molestias. En
el caso de las personas que llegan a sufrir una intoxicación
mayor, los efectos que se han detectado científicamente son
debilidad muscular, disminución de la visión
periférica y disminución de la coordinación,
según Dariush Mozaffarian, profesor asociado del Departamento
de epidemiología de la Escuela de Salud Pública de
Harvard y miembro de la Organización Mundial de la Salud
(OMS). (3)


Por qué hay que comer algo más que sardinas
Para no correr ningún riesgo con el mercurio, algunas
personas eligen comer únicamente pescado azul de
pequeño tamaño.

Eso es un error ya que, aunque los peces pequeños contienen
menos mercurio, contienen más policlorobifenilos (PCB), otro
problemático contaminante. Los PCB son productos
químicos que se han fabricado durante décadas antes de
la prohibición de su comercialización y
utilización en 1985 debido a su toxicidad y sus efectos
bioacumulativos. Los estudios realizados con monos demuestran que el
PCB disminuye la capacidad de memorizar o altera el aprendizaje. 

El Ministerio de Agricultura y Pesca francés llevó a
cabo entre 2003 y 2006 un estudio llamado “Calipso” en las regiones
costeras francesas, analizando los beneficios nutricionales frente a
los riesgos por contaminación que supone el consumo de
pescados y mariscos. Entre sus conclusiones está que los
peces que contienen mayores cantidades de sustancias beneficiosas para la salud, como los ácidos omega-3, y mayores
cantidades de contaminantes, son los mismos: salmón, caballa y
sardinas. Las sardinas son las mayores portadoras de PCB (23%). (4)

Para no sufrir el riesgo de intoxicarse con mercurio ni con PCB y
para favorecer su memoria, equilibrio emocional y salud
cardiovascular, debe comer pescado de todo tipo de manera habitual.
Varíe el tipo de pescado de su dieta, tanto las especies como
su origen geográfico. 

De todas formas, si quiere sentirse más tranquilo,
quizá le interese un programa informático desarrollado
por un equipo de investigadores del Laboratorio de
Toxicología y Salud Medioambiental de la Universidad Rovira i
Virgili y la Unidad de Toxicología de la Universidad de
Barcelona, que permite conocer los riesgos para la salud
(contaminantes ambientales) y las ventajas (nutrientes) de una dieta
específica. En un principio el programa, llamado Ribepeix, se
desarrolló precisamente para que cualquier persona pudiera
evaluar el riesgo para la salud asociado a la presencia de
contaminantes químicos en el pescado y el marisco frente a
sus beneficios y optimizar así de forma individual su
consumo: seleccionando las especies con mayor contenido en omega-3 y
menores niveles de contaminantes, la frecuencia óptima de
consumo y la cantidad idónea de la ración. La nueva
versión, llamada Ribefood, es más completa, puesto que
incluye no sólo pescados y mariscos sino también
carnes, verduras, frutas, lácteos, etc. (5) 

Dejemos de tenerle miedo al mercurio y al pescado. Todo lo
contrario: disfrutemos de las maravillas de la naturaleza y de los
placeres de una buena mesa bien surtida de productos naturales.

¡A su salud!

Juan-M Dupuis

****************************** 

Fuentes 


    1. “El mundo de ayer”, Stefan Zweig.
    2. “Informe en relación a los niveles de mercurio
establecidos para los productos de la pesca”, del Comité
Científico de la Agencia Española de Seguridad
Alimentaria y Nutrición (AESAN). 2010.
    3. http://www.lanutrition.fr/les-news/peut-on-encore-manger-du-poisson.html
    4. Estudio Calipso realizado por la Agence Nationale de
Sécurité Sanitaire
    5. de l’alimentation, de l’environnement et du travail (ANSES)
francesa. 
    6. http://130.206.36.67/ribefood/

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