domingo, 9 de mayo de 2010

Divulgación científica




¿Qué tienen en común estas dos imágenes?. ¿Cuales son sus diferencias?.
Para cualquier científico las diferencias son obvias, enormes, abrumadoras. El graffiti urbano de la izquierda es un mensaje críptico y sin sentido, una oscura firma, mientras que la ecuación de la derecha es una expresión matemática que sintetiza la segunda ley de la termodinámica, una de las leyes más importantes de la naturaleza. 
 Lo cierto es que para el ciudadano de a pie los dos mensajes son igual de crípticos. Los dos parecen mensajes dirigidos a un reducido grupo de "colegas". Debemos admitir que nuestras comunicaciones científicas están pensadas en la enorme mayoría de los casos para ser entendidas sólo por nuestros pares.

La ciencia nunca ha estado abierta al público. Ni ahora, ni en los años 50, ni en la época de Newton ni en la Grecia clásica. Pero, entre otras cosas, el siglo XX ha sido testigo de un crecimiento científico y tecnológico incesante; un impresionante desarrollo que ha dado lugar a una creciente especialización y a un mayor impacto de la ciencia y la tecnología en nuestra sociedad. Y ahí está la diferencia. Nuestras vidas como individuos nunca han estado tan vertiginosamente ligadas al desarrollo de la misma tecnología que alimenta nuestro crecimiento colectivo. En esta sociedad industrializada es difícil encontrar algún aspecto de nuestra vida cotidiana que no se vea influenciado por tecnologías enraizadas en la ciencia desarrollada durante los últimos 100 años. Y esa influencia abarca desde detalles minúsculos de nuestra vida privada hasta fenómenos de escala global

Si partimos de la premisa de que un ciudadano bien informado es la mejor base para una sociedad democrática, entonces es evidente que los ciudadanos de hoy y del futuro tendrán que tomar conciencia del poder (y también de las limitaciones) de la ciencia, de los logros y de la responsabilidad que conlleva una sociedad tecnológicamente avanzada. Para ello es necesario que la gente sepa cómo funciona la ciencia, lo que significa, lo que los científicos pueden hacer y lo que no. Y esto nos lleva a la necesidad de desarrollar la divulgación científica tan ampliamente como sea posible. Hasta ahora la divulgación ha sido una actividad muy marginal, desarrollada por un número muy reducido de científicos, pero que ciertamente crecerá en importancia en el futuro.

La ciencia seguirá creciendo durante el próximo siglo. Y lo hará siendo fiel a su tradición. Las distracciones milenarias de moda no conseguirán hacernos olvidar el método científico y las matemáticas seguirán siendo mucho más que una elegante herramienta de la labor científica. La especialización seguirá aumentando y los científicos seguiremos escribiendo artículos especializados para someterlos al juicio de nuestros colegas. Pero además, como científicos, tendremos la responsabilidad de hacer llegar a la gente (y, de paso, también a científicos de otras especialidades) el mensaje de lo que hacemos y el sentido de la ciencia.

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